Hablar de sexo anal sigue siendo tabú en muchas parejas, pero la realidad es que cada vez más gente se lo plantea. Y, precisamente por eso, es importante hacerlo con información, respeto y seguridad, no solo con morbo o curiosidad.
Desde mi forma de verlo, el sexo anal es una práctica que tiene que ser practicada en mutuo acuerdo en la pareja. Si no hay acuerdo real, no hay práctica sana. En esta guía te explico qué tener en cuenta, cómo prepararse, qué suele sentir cada parte, qué riesgos existen y cómo hacer que la experiencia sea lo más placentera y segura posible.
Qué es realmente el sexo anal (y qué no es)
Sexo anal es cualquier práctica sexual donde el ano tiene un papel protagonista: puede ser penetración con el pene, con dedos, con juguetes sexuales o incluso estimulación externa sin penetración. No es “algo que se tiene que hacer para ser moderno” ni un nivel avanzado obligatorio del sexo.
Es una práctica opcional, que algunas parejas disfrutan y otras simplemente no desean probar, y está bien en ambos casos. Lo importante es que, si se hace, sea desde el deseo y el acuerdo, no desde la presión.
Consentimiento y comunicación: la base de todo
Antes de hablar de lubricantes, posturas o juguetes, hay algo mucho más importante: consentimiento claro y comunicación honesta.
- Si uno de los dos lo desea y el otro no, no es el momento.
- Si alguien acepta por presión, miedo a perder a la pareja o por “obligación”, no es un buen contexto.
Por eso repito: el sexo anal es una práctica que tiene que ser practicada en mutuo acuerdo en la pareja. Eso significa hablarlo, decir qué te genera curiosidad, qué te da miedo, qué límites tienes y qué cosas son un NO rotundo.
Una buena forma de empezar es con una conversación tranquila, sin estar en pleno calentón, donde se puedan decir cosas como:
- “Me da curiosidad, pero me preocupa el dolor.”
- “Tengo fantasía con el sexo anal, pero quiero que vayamos muy despacio.”
Ese tipo de conversación quita presión, baja expectativas irreales y abre la puerta a algo más cuidado.
Qué suele sentir cada persona: fantasías, poder y miedos
En muchas parejas heterosexuales, por lo general el hombre siente fascinación por esta práctica porque se siente poderoso. Hay una mezcla de fantasía, morbo y sensación de control. Además, físicamente, muchos describen que la sensación es más apretada que el sexo vaginal, y que eso se vive como algo muy intenso.
También influye el aspecto visual: según la pose, puede excitar más al hombre ver a su pareja en esa posición, notar el contacto de su cuerpo y ver su vagina muy lubricada y excitada al mismo tiempo que está siendo penetrada analmente. Esa combinación de sensaciones físicas y visuales puede intensificar mucho la excitación.
Del lado de muchas mujeres (y personas en rol receptivo en general), la realidad puede ser distinta. La mujer puede estar o no acoplada a esa idea del sexo anal por temor al dolor o por asco, por malas experiencias previas, por falta de información, vergüenza o simplemente porque no le atrae.
Todo esto es válido. Por eso es tan importante que el deseo sea compartido y que nadie se sienta obligado a hacerlo para “complacer” a la otra persona.
Preparación básica para el sexo anal

Para que el sexo anal tenga opciones reales de ser placentero, hay que preparar varias cosas:
1. Información realista
- El ano no lubrica de forma natural, así que el lubricante no es opcional, es imprescindible.
- Al principio es normal sentir sensaciones raras o algo de incomodidad; el objetivo es evitar el dolor intenso y el “aguantar” por compromiso.
2. Higiene sin obsesionarse
Mucha gente se bloquea por el tema de la higiene. Lo sensato suele ser:
- Ir al baño antes del encuentro.
- No comer muy pesado justo antes.
- Tener a mano toallitas, papel o una toalla oscura para estar más tranquilo/a.
Si se utilizan enemas, es importante hacerlo con moderación, siguiendo instrucciones y sin convertirlo en algo diario o excesivo. Y, aun así, hay que asumir que siempre existe un pequeño riesgo de “accidentes”. Forma parte de la realidad del sexo anal adulto, no de un drama.
3. Lubricante: tu mejor aliado
El lubricante para sexo anal debe ser:
- Abundante (más de lo que crees que hace falta).
- A base de agua o silicona, según el tipo de preservativo y el juguete que se use.
No pasa nada por reaplicar lubricante varias veces si se seca o si la penetración dura mucho. De hecho, es recomendable.
Sexo anal por primera vez: cómo plantearlo paso a paso
Antes del encuentro
- Hablar de lo que quieren y lo que NO quieren.
- Preparar preservativos, lubricante y toalla.
- No empezar directamente por la penetración anal.
Juegos previos y dilatación
Para que el cuerpo se adapte, es mejor ir poco a poco:
- Empezar con caricias externas en glúteos y alrededor del ano.
- Cuando la persona receptora esté excitada y relajada, se puede pasar a un dedo bien lubricado, lentamente, sin empujar de golpe.
- Se puede usar un plug anal pequeño o juguetes diseñados para la dilatación gradual.
La clave es escuchar el cuerpo y la voz de la pareja: si duele, se para; si el miedo sube, se baja la intensidad y se vuelve a algo más suave.
Momento de la penetración
Cuando ya hay comodidad con dedos o juguetes, se puede plantear la penetración con el pene. Lo ideal es:
- Usar preservativo en el pene o en el juguete.
- Aplicar mucho lubricante tanto en el ano como sobre el condón.
- Dejar que la persona receptora controle el ritmo: por ejemplo, que sea ella quien se siente encima o quien empuje hacia atrás.
- Empezar con movimientos cortos y lentos, sin embestidas bruscas.
Recordar siempre que el objetivo es el placer compartido, no “demostrar” nada ni hacer una actuación de película porno.
Sexo anal y salud: riesgos que hay que conocer
El sexo anal puede ser placentero, pero tiene riesgos específicos que hay que tomar en serio:
- Mayor riesgo de infecciones de transmisión sexual (ITS) como VIH, gonorrea, clamidia o sífilis si se hace sin preservativo.
- Posibles microdesgarros y fisuras si no hay suficiente lubricación o se fuerza demasiado.
- Empeoramiento de hemorroides preexistentes o aparición de molestias en la zona.
Para reducir riesgos:
- Usar siempre preservativo en penetración anal con pene.
- Cambiar de condón (o limpiarse bien) si se pasa de penetración anal a vaginal, para no trasladar bacterias de una zona a otra.
- Realizar controles regulares de ITS si se tiene vida sexual con varias parejas.
- No insistir si hay dolor intenso, sangrado o molestias persistentes; consultar con un profesional de salud.
Errores típicos que arruinan el sexo anal
Algunos errores muy frecuentes que pueden convertir el sexo anal en una mala experiencia son:
- Ir directo a la penetración sin juegos previos ni dilatación.
- No usar suficiente lubricante o no reaplicarlo.
- No hablar de miedos (dolor, asco, vergüenza) y encontrarse con un bloqueo a mitad del acto.
- Presionar a la pareja para “probar” sin que realmente quiera.
- Hacer sexo anal sin condón y luego penetrar la vagina sin cambiar de preservativo ni limpiarse.
Muchos de estos errores vienen de mitos y de copiar lo que se ve en el porno, que rara vez muestra todo el trabajo previo y la comunicación que hay detrás cuando se hace bien.
Cómo disfrutar del sexo anal de forma segura y sin tabúes

Si algo queda claro es que el sexo anal no tiene por qué ser sinónimo de dolor, miedo o vergüenza. Puede convertirse en una práctica muy placentera cuando se cumplen varios puntos:
- Mutuo acuerdo real: ambos quieren, ninguno se siente obligado.
- Respeto a las sensaciones: si duele, se para; si da miedo, se habla.
- Buena preparación: higiene razonable, dilatación progresiva, lubricante y preservativo.
- Cero prisas: se puede necesitar varios intentos hasta que el cuerpo y la mente se acostumbren.
Más allá de la fantasía de poder, de la sensación de que es “más apretada que el sexo vaginal” o de lo visualmente excitante que pueda resultar para algunos hombres, lo que realmente importa es que las dos personas disfruten, se cuiden y se sientan libres de decir “sí” y también “no”.

